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23 de marzo de 2017
 
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A ROSA VIRGINIA PDF Imprimir Correo

Dra. Marlene Primera Galué / Secretaria de LUZ

Es tiempo de agradecer a Dios por los momentos compartidos con Rosa Virginia Galué Cordero, quien de forma admirable vivió como hija, hermana, tía y amiga. Mujer trabajadora, luchadora, emprendedora, universitaria de corazón y convicción. Recibimos su legado de amor por la Universidad del Zulia, porque la aprendió a amar durante los días que vivió para atender, en su despacho de girasoles, al insigne Jesús Enrique Lossada. 


Rosa Virginia nos enseñó el amor a nuestro Dios, a rezar, a caminar junto a María Santísima. Colmó nuestros días de presencia maternal, consejos, apoyo, firmeza. Supo disfrutar la alegría en lo simple, en lo poco, en lo abundante. Construyó, con claridad y humildad, un camino del cual  sentimos orgullo en transitar.


Hoy, sentimos que han sido pocos los días junto a ella, pero miramos la senda y son muchos los frutos, los aciertos, las experiencias, los éxitos, los errores de los cuales aprendimos. Por ello, alabamos y bendecimos a nuestro Señor!  Y en paz, escuchó la voz de su amado, quien la lleva a su morada. Es el tiempo para que junto a los ángeles y arcángeles le adore eternamente. La recordaremos en cada suspiro, en cada gota que viste la flor matinal de su jardín, en cada árbol, en cada ave que llega a pedir su grano, en todos los momentos que viviremos, pues su recuerdo no se borrará.

 

Que cada plegaria sea siempre fuente de bendición para ella, para nosotros y para todos. También es el momento para agradecer a cada persona que se hizo familia durante esos días, a la palabra de afecto, a la mano tibia, al abrazo solidario y protector. La universidad se hizo un gran hogar y en oración caminamos para acompañarle hacia su reposo.

 

Amada madre, siento que las estrellas están más cerca, que brillan sin cesar y en el firmamento siempre te buscaré; el silencio de tus palabras se escuchará perpetuamente en nuestros corazones para ser el aliento que nos arrulle; tus manos suaves que nos acaricien; tu voz protectora que nos dirá en sueños: “hijas mías las amo”. Desde la eternidad estaremos juntas por siempre.

 

 

 




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